viernes, 23 de septiembre de 2011

Perdedores hermosos

Los alumnos del taller de periodismo escriben sobre su canción favorita. Marcos Casa Valencia eligió "El número 2 en tu lista", de Los Fabulosos Cadillacs.


Viajemos a 1988. Mientras Soda Stéreo conquistaba Latinoamérica con Doble vida, en la Argentina había bandas como Los Piojos, Bersuit Vergarabat y Attaque 77, que recién daban sus primeros pasos en distintos antros, entre otros. En el medio, entre el under y la consagración, una banda de ska no se quería quedar atrás. ¿Quiénes? Los Fabulosos Cadillacs, que venían de editar Bares y fondas y Yo te avisé!, ese año dejaron atrás melodías festivas como “Mi novia se cayó en un pozo ciego” o “Estoy harto de verte con otros”. Porque no todas las canciones de El ritmo mundial están hechas para bailar y saltar o cantar a dúo con tu amiga; también hay temas que relatan una de las historias más tristes y conmovedoras en la discografía de la banda hasta ese momento ¿Cuál? “El número 2 en tu lista”.

Comienza con una especie de trueno que anuncia la tormenta de guitarras acústicas que se avecina, y un Vicentico que de entrada ya dice que la canción va ir por el lado de la desilusión: “Vuelvo a casa temprano, hermano/nada salió como lo esperaba/él fue mejor, se la llevó...” La canción continúa con unos teclados que marcan el ritmo, y el bajo de Flavio que en momentos se escucha de fondo, y por otros incluso más fuerte que la voz de Vicentico.

Por cómo entona los versos, que a medida que van pasando se vuelven más desgarradores y angustiantes, da la impresión de que Vicentico (autor del tema) vivió en carne propia ser el típico “loser” de la historia. “El número 2 en tu lista” insinúa el rumbo que tomaría después la carrera de Vicentico solista. Él también podía componer canciones tristes y sufridas, “miren cómo puedo hacerlo”, parece decirnos con este tema que en clave surfer y ska-punk destila una tristeza que se puede bailar.

Era 1988 y LFC crearon sin darse cuenta un himno. ¿Un himno? Sí, un himno de los perdedores. Desde entonces, todos ellos se pueden sentar en la mesa a cantar esta canción.

Marcos Casa Valencia
Taller de Periodismo